J. Villarrubia.
Pese a que desde hace ya algún tiempo, la citometría de flujo se viene aplicando al estudio de las células sanguíneas, su utilización al análisis de las plaquetas es relativamente reciente. No obstante, en los últimos años la posible utilidad clínica de este tipo de estudios ha contribuido a la expansión de su utilización fundamentalmente en los laboratorios de investigación clínica. Ello se debe entre otras razones al hecho de que las plaquetas presentan algunas características que las hacen particularmente susceptibles de ser estudiadas por citometría de flujo y a que estudios preliminares han sugerido que el análisis de plaquetas por citometría de flujo podría tener un gran valor clínico en diferentes patologías. Además, la citometría de flujo permite no sólo la caracterización antigénica y estructural de las plaquetas sino también su análisis funcional.
En la actualidad existen al menos cuatro aplicaciones de la citometría de flujo que han sido utilizadas para el estudio de las plaquetas: el diagnóstico de trombocitopatías, la detección de inmunoglobulinas asociadas a plaquetas, la enumeración de plaquetas reticulares y el estudio de la activación plaquetar.
La producción y disponibilidad de anticuerpos monoclonales capaces de identificar glicoproteínas plaquetares ha incrementado notablemente las aplicaciones de la citometría de flujo en el estudio de las plaquetas. En este sentido, una de sus primeras aplicaciones ha sido el diagnóstico de las trombocitopatías primarias. Así, por ejemplo, el diagnóstico del síndrome de Bernard-Soulier o de la trombastenia de Glanzman puede realizarse de forma rápida en base a la ausencia de espresión en la membrana plaquetar de CD42 (gp Ib) y CD41 (gp Iib/IIIa), respectivamente. Asimismo, la utilización de anticuerpos monoclonales dirigidos frente a glicoproteínas que en la activación plaquetar modifican su expresión en la membrana de la célula como CD62, CD63, CD69, CD41, CD9 o CD42, ha demostrado ser de utilidad en la identificación de situaciones de activación plaquetar "in vivo" que cursan desde el punto de vista clínico con un mayor riesgo de fenómenos trombofílicos. Pese a todo ello en la actualidad, la detección de inmunoglobulinas asociadas a plaquetas como medio de identificación de la existencia de anticuerpos antiplaquetarios, constituye la aplicación de la citometría de flujo al estudio de las plaquetas de uso más extendido. Esto se debe al gran número de situaciones en las que se sospecha la existencia de anticuerpos anti-plaquetarios y a la dificultad que entraña su detección con otras aproximaciones metodológicas. Además la citometría de flujo ofrece algunas ventajas sobre las otras técnicas utilizadas para la identificación de anticuerpos antiplaquetarios ya que permite la identificación de las plaquetas de forma específica por lo que la presencia de otras células no interfiere en los resultados. Facilita el estudio de las plaquetas de forma individual lo que permite la detección de diferentes subpoblaciones y aporta una información no sólo cualitativa sino tambien cuantitativa. Todo ello unido a la posibilidad de realizar marcajes m£ltiples, a la gran sensibilidad, objetividad y rigurosidad estadística de la citometría de flujo, han hecho de la citometría de flujo una de las técnicas más utilizadas en la exploración de la existencia o no de anticuerpos anti-plaquetarios.
Desde hace tiempo se sabe que la identificación de parámetros que ayuden a la predicción de la recuperación medular trás quimioterapia o al conocimiento del grado de producción celular por parte de la médula ósea, tiene gran interés clínico. En este sentido, en los últimos años, a semejanza de lo que ocurre con el recuento periférico de reticulocitos para evaluación de la eritropoyesis, se ha sugerido que la identificación de plaquetas reticuladas podría en gran medida reflejar el estado de la megacariocitopoyesis. La medición del contenido de las plaquetas en ARN ha permitido la identificación de plaquetas "reticuladas" que se ha sugerido podrían representar plaquetas jóvenes recientemente liberadas al torrente sanguíneo. En este sentido, su recuento en la sangre de pacientes con trombocitopenias de causa desconocida o inducidas por tratamientos agresivos podría ser de gran ayuda tanto en el diagnóstico diferencial de las trombocitopenias de origen desconocido como en la identificación precoz de la recuperación medular, respectivamente.
Aunque nos hemos referido a las principales aplicaciones de la citometría de flujo al estudio de las plaquetas, no podemos olvidar que este es un área de la citometría de flujo en pleno desarrollo en el que en los próximos años surgirán sin duda nuevas aplicaciones. En este sentido merece destacar, a modo de ejemplo, los trabajos preliminares sobre la identificación de microplaquetas en la circulación sanguínea, los estudios funcionales de plaquetas o la identificación de plaquetas unidas a leucocitos en la sangre son áreas todavía abiertas a la investigación de la posible utilidad de la citometría de flujo.
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